Cómo hablar correctamente

I.                    PROPÓSITOS COMUNICATIVOS

Los propósitos que se persiguen cuando se intenta una comunicación a través de la palabra son:
·         Conocer con exactitud lo que quiere decir o comunicar.
·         Decirlo o comunicarlo con un tono adecuado para que el receptor o destinatario lo acepte.
·         Irlo diciendo de manera que el receptor o destinatario lo entienda a medida que lo oye.
·         Decir lo que realmente se pretende comunicar.
La concreción de la idea es un requisito previo de la emisión de la palabra: Se refiere a saber lo que se quiere decir con exactitud, puesto que cuando hablamos ya sea espontáneamente o accidentalmente se va descubriendo lo que queremos decir. Se va oyendo lo que se dice a la vez nos vamos dando cuenta de que si eso es lo que pensamos o no. Y que cuando los demás acogen este mensaje se puede ampliar, rectificar, explicar y desenvolver más ideas. Pero este no debe ser el caso de una comunicación en público, sea esta un discurso, debate, conferencia, entre otras, porque no hay lugar para interrupción por parte de los destinatarios, se debe expresar con mucha claridad el mensaje previamente preparado. La idea debe irse preparando en el pensamiento, una vez lista  la idea concreta se puede emitir en una comunicación.

El tono puede influir en la eficacia de la comunicación, cuando el mensaje emitido no pueda llegar a ser comprendido, decodificado. Esto ocurre porque el emisor no hace un buen uso tanto de la palabra como del tono con el que la dice, esa peculiar manera de decir las cosas, el cual a través de él se puede descubrir el sentimiento íntimo del emisor. Es un regulador entre el sentimiento y la expresión, entre lo que sentimos y decimos. Por lo tanto, se debe encontrar el tono adecuado, es decir, ir al fondo del problema actuando sobre la imaginación y colocándonos en el lugar del receptor de la comunicación. El tono es un elemento sonoro no verbal. El emisor posee un lenguaje corporal o gestual, no se puede perder el contacto con el oyente, porque se corre el riesgo de perder la atención y de que el mensaje no llegue o llegue de manera imperfecta.  Para tener este éxito es necesario que el emisor vaya colocando  las ideas unas después de las otras, debe tener como propósito el que su auditorio pueda decodificar el mensaje, ese interés por el que la persona o destinatario comprenda lo que quiero decir. En resumen, la forma sencilla  con que se expresa el mensaje para evitar que se realice esfuerzos extraordinarios para captar o asimilar dicho código.

La palabra exacta y precisa en la exposición de una idea, esto indica que La idea concreta debe ser expresada a través de una palabra exacta, de ahí que la importancia de esta radique en que el mensaje captado con facilidad. Puesto que puede ocurrir que se tenga buen dominio de un todo adecuado y que se lleve un proceso de entender y asimilar cuanto se transmite pero que en algún momento determinado no se encuentre la palabra exacta para expresar la idea. Esta palabra exacta no necesariamente la precisa se puede hallar en el sentir, vivir, ver y comprender aquello que estamos hablando. No perder de vista la idea o la realidad de que estamos hablando.

II.                  ESTILÍSTICA ORAL                   

El estilo es el esfuerzo por medio del cual la inteligencia y la imaginación encuentran los matices, las relaciones de las expresiones y de las imágenes, en las ideas y en las palabras o en las relaciones entre unas y otras.

Para que el mensaje sea seguido y aprobado por los destinatarios de la comunicación se debe tener en cuenta las cualidades primordiales del estilo oral, estas son:

*       Claridad: un estilo es claro cuando el pensamiento del que emite el mensaje penetra sin esfuerzo en la mente del receptor. Si fuera necesario se debe utilizar con el máximo rigor un vocabulario adecuado a ala receptividad del oyente, debe comenzarse a explicar o definir conceptos, si el nivel de cultura general del auditorio lo exige. Han de evitarse las cacofonías, confusiones y anfibologías, empleando la menor cantidad de veces posibles las frases complejas, porque se corre el riesgo de que el oyente se vea arrastrado a la necesidad de unir el comienzo con el fin, distrayéndose en definitiva la atención como resultado de ese esfuerzo.
*       Concisión: resulta de utilizar sólo palabras indispensables, justas y significativas para expresar lo que se quiere decir. Es enemiga de la verborrea, de la redundancia, del titubeo expresivo porque todo esto obstruye los canales de la comunicación y el mensaje no llega adecuadamente. Hay que expresar lo que tiene un valor real de comunicación, eliminándose todo lo que sea banal y vulgar, todo lo que pueda desagradar a un público por poco exigente este sea.
*       Coherencia: es el orden en el correr de las ideas, que el oyente no se vea precisado a coordinarlas en su cerebro. Las relaciones entre las ideas expuestas deben ser lógicas, y las contradicciones, evitadas. Si se anuncian paralelismos o antítesis, es necesario que seguidamente se aclaren. Cuando se exprese puntos de vistas personales y punto de vista de otras personas debe al menos mencionarlo.
*       Sencillez: se refiere tanto a la composición de lo que hablamos, como a las palabras que empleamos, es huir de lo enrevesado, de lo artificioso, de lo complicado, de lo barroco.
*       Naturalidad: Cuando el  orador se sirve de su propio vocabulario, de su habitual modo expresivo. Hablar naturalmente es procurar que las palabras y las frases sean las propias, según exija el tema, evitando la afectación y el rebuscamiento. Se puede conjugar lo natural con lo preciso y la sencillez con la exactitud.

III.                EL APARATO FONADOR

Es importante aprender a respirar en el habla, ya que el hombre actual ha perdido la pausa, el ritmo, habla demasiado rápido o no articula bien, respira demasiado poco para poder hablar mucho y llega a tartamudear por los estados de tensión.
Esta emisora humana está constituida por:

a)      Los pulmones, que actúan a modo de fuelles: en la caja torácica se encuentran los pulmones, colocados entre las clavículas por la parte superior, y el diafragma por la inferior. Unos músculos hacen que las costillas se eleven y ensanchen cuando efectuamos una inspiración; mientras que cuando se espira, las costillas descienden y se contraen, elevándose el diafragma y saliendo el aire, de tal manera que solamente durante la espiración se emite el sonido que representa la palabra.
b)      La glotis, que es propiamente un vibrador: el aire comprimido de los pulmones recorre la tráquea y pasa a la laringe, que es una especie de caja situada en la parte superior de la primera y formada por un conjunto de cartílagos ligados entre sí, de modo que pueden moverse. En el interior de la laringe, extendidas entre los cartílagos, están las cuerdas vocales, donde tiene origen la fonación.
En la emisión de la vos, la glotis que es el espacio comprendido entre las cuerdas vocales, se abre y cierra periódicamente con gran rapidez, bajo la acción antagonista de los músculos que la cierran y de la presión del  aire aspirado que la obliga a abrirse. Los pequeños chorros de aire canalizados producen vibraciones sonoras. Cuanto más rápidamente vibren las cuerdas el sonido será más agudo, cuanto más fuertemente vibren será más intenso.
c)       La cavidad bucal y las fosas nasales, que son unos resonadores-amplificadores:
Las cuerdas vocales por si solas no emiten ningún sonido, por lo que necesitan de unas cavidades de resonancia. Ese sonido muy débil y apenas perceptible producido en la laringe por la vibración de las cuerdas vocales, tiene que pasar por unas cámaras de aire situadas en la garganta y en la cabeza, que actúan como resonadores. Estas cavidades de resonancia son la parte superior de la laringe, la garganta, la boca y las fosas nasales. Estos resonadores amplifican el sonido y modifican el timbre, haciéndolo más melodioso, o chillón.

La articulación, es pronunciar distintamente todas las consonantes. Las vocales son los sonidos producidos por la vibración de las cuerdas vocales, amplificados por los resonadores de la faringe, la boca y la nariz. La lengua, los labios, los dientes, el maxilar, el paladar y el velo paladar actúan como agentes capaces de modificar el sonido producido por el mecanismo de la voz. Articular bien permite hacerse comprender claramente incluso cuando se habla en voz baja, proporciona la debida a comprensión de lo que se diga, lo cual constituye la única manera de mantener y desarrollar el interés del público.

IV.                IDEAS Y SENTIMIENTOS A TRAVÉS DE LA VOZ

Se representa en la transmisión de las ideas y sentimientos del emisor hacia su receptor a través de cuatro cualidades:

a)      Claridad: es la primera cualidad de la articulación, ha de lograrse por tanto una transparencia máxima, mediante la acción del maxilar inferior, de la lengua y de los labios. Es preciso hablar despacio para articular con claridad, una vez el maxilar, la lengua y los labios tengan mayor flexibilidad y precisión de movimientos, habrá llegado el momento de aumentar la velocidad.

b)      Intensidad: es el factor que en mayor grado afecta a la inteligibilidad, que depende de la distancia entre el emisor y el receptor, y de la intensidad de los ruidos ambientales, ya que estos pueden debilitar los sonidos. Hacer uso adecuado de la fuerza vocal, es hablar con intensidad suficiente para ser oído por todo el auditorio.

c)       Flexibilidad: es la capacidad de  expresar los finos matices significativos y emocionales, a través de una pronunciación exacta y agradable. Concierne a la velocidad, las pausas, el ritmo y el tono.

c.1 velocidad: se debe ajustar al tipo de pensamiento o sentimiento que el orador trata de transmitir en concordancia con la vocalización para que no se pierda ni una sola palabra en el camino.
c.2 pausas: sirven para puntuar los pensamientos, ayudan a separar las palabras habladas en unidades que tienen un significado en conjunto. Permite fácilmente las inflexiones de la vos, el cambio de tono y de ritmo y contribuye a tener más viva la atención.
c.3 ritmo: es la pulsación creada por la relación entre los acentos y las pausas, está íntimamente relacionado con la velocidad en el habla, los contrastes en el ritmo tienen gran importancia para dar expresividad y sentido a la palabra y retener más fácilmente la atención del que escucha.

d)      Tono: es el elemento sonoro no verbal, conocido también como entonación. Para dar más sentido y mayor expresividad a la palabra debe graduarse, con pequeños matices diferentes, la intensidad y el volumen de la voz. Es preciso meditar bien en las entonaciones para que se correspondan con el sentido que se quiere dar a las palabras, duplicando, a veces, la fuerza de la persuasión. La entonación puede ser ascendente, que sugiere interrogación, indecisión, incertidumbre, duda; descendente, que sugiere firmeza, determinación, certeza, decisión y mixta, que puede sugerir una situación de conflicto o una contradicción de los significados y se usa frecuentemente para denotar ironía o sarcasmo o para exponer una sugerencia.

e)      Énfasis: es dar sentido a lo que se dice, acentuar lo que tiene más interés, poner énfasis en aquellas partes en las que el emisor quiere llamar la atención de los que le escuchan. Ha de ponerse énfasis para que sobresalga la idea principal. Se debe procurar tanto el uso exagerado de la fuerza enfática y el uso del énfasis de una manera continua.

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